A veces se nos hace realmente difícil conseguir que el niño no coma ciertas comidas y le empiecen a gustar cosas más sanas como frutas y verduras.
Ahora sabemos que quizá las propias madres pueden tener la culpa de las preferencias culinarias de nuestros hijos. Los niños tienden a preferir los alimentos que la madre ingirió durante el embarazo, muchas veces guiados por el antojo que es propio del embarazo.
Los bebés, incluso dentro del útero materno, experimentan los sabores y olores de las comidas que toma la madre y los guarda en su cerebro. Cuando son mayores, recuerdan estos alimentos y resultan agradables para ellos. En cambio, los que no conoce, los rechaza.

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